Pasaron treinta días después de la trágica muerte y el joven viudo dispuso se celebraran unos servicios fúnebres, notificándolo a la familia Guerin. Esta, bajo el pretexto de que el abate no podía asistir porque tenía que marchar a Bayeux para realizar ciertas diligencias, dio contraorden sin dignarse consultar esta medida a Lavalley ni notificarle siquiera.