Lavalley llegó a tiempo de ver cómo le administraban vomitivos,
a pesar de lo cual continuaron las convulsiones. Llegó un tercer cirujano
que administró nuevos remedios y aplicó sanguijuelas, siendo
todo inútil. Se llevaron del aposento al infeliz Lavalley. Uno de los
facultativos trató de extraer el feto con forceps, pero una hemorragia
considerable le obligó a renunciar a seguir y en su lugar emprendió la operación cesárea, extrayendo del seno de la moribunda un niño
ya cadáver. Poco después moría la joven María Ana Guerin. Días más tarde el abate Guerin tuvo una entrevista con Lavalley padre, manifestándole que el pago que le había hecho por su sobrina de 10.000 francos le había puesto en crítica situación y le pidió le devolviese cierta cantidad, a lo que se negó el viejo. Aquello les enfrentó y dejaron de tratarse.
a pesar de lo cual continuaron las convulsiones. Llegó un tercer cirujano
que administró nuevos remedios y aplicó sanguijuelas, siendo
todo inútil. Se llevaron del aposento al infeliz Lavalley. Uno de los
facultativos trató de extraer el feto con forceps, pero una hemorragia
considerable le obligó a renunciar a seguir y en su lugar emprendió la operación cesárea, extrayendo del seno de la moribunda un niño
ya cadáver. Poco después moría la joven María Ana Guerin. Días más tarde el abate Guerin tuvo una entrevista con Lavalley padre, manifestándole que el pago que le había hecho por su sobrina de 10.000 francos le había puesto en crítica situación y le pidió le devolviese cierta cantidad, a lo que se negó el viejo. Aquello les enfrentó y dejaron de tratarse.