A las dos de la mañana, la joven que hasta entonces se había encontrado bien, despertó con dolores bastante agudos en el estómago. Se levantó para ver si se le pasaba y comenzó a presentar convulsiones violentas. Ante tal situación un criado de los Guerin corrió a casa de Lavalley pidiéndole que acudiera inmediatamente. Pensando que eran dolores de parto (ella se encontraba ya de ocho meses de gestación) y "semejante en esto a muchos otros maridos que no pueden soportar tal espectáculo, no quiso ir a ver a su esposa", dice el informe.
Pero, a poco llegó el propio suegro diciéndole que no creía que se tratase de parto, rogándole que fuese con él, cosa que hizo el atribulado esposo. Habían sido llamados dos cirujanos.
Pero, a poco llegó el propio suegro diciéndole que no creía que se tratase de parto, rogándole que fuese con él, cosa que hizo el atribulado esposo. Habían sido llamados dos cirujanos.