En las ciudades también actuaron grupos de resistentes armados. Los guerrilleros actuaron en varias localidades catalanas y en Barcelona, donde la amplitud de la lucha armada fue más destacada, fueron mayoritariamente anarquistas. Esta ciudad constituyó el último de los escenarios urbanos del maquis, donde tenía un respaldo social amplio actuando bajo los acuerdos de la clandestina Confederación Nacional del Trabajo y la sección de Defensa Interior. En Madrid la guerrilla urbana tuvo un carácter predominantemente comunista, apoyada por el PCE. Su vida fue efímera. Otras capitales donde también hubo actividad guerrillera fueron León, Granada, Valencia y Bilbao.