GUERRAS.
Eran frecuentes las enemistades entre los distintos linajes. Por este motivo las aldeas estaban protegidas por empalizadas. Usaban en sus combates arcos, flechas, lanzas, mazas chatas y filosas de madera como armas.
Uno de los motivos de enfrentamiento era porque al migrar una aldea se instalara en terriorio que pertenciera a otros grupos o pasara por terrenos propiedade de otras aldeas sin haber pedido permiso con anterioridad. Los prisioneros de guerra masculinos eran presa de una antropofagia ritual ya que eran antropófagos o caníbales.
Creían que al tragarse a su enemigo conseguían su fuerza, el poder de su alma y su vida reforzando así los poderes propios. El prisionero recibía un tratamiento especial antes de ser sacrificado. Era tenido como invitado de honor, incluso el captor podía darle una de sus hijas como esposa, adornos, buena ropa. Se lo llenaba de honores para que muriera en su plenitud y así el que lo ingiriera se llenaría de su fuerza. El día del sacrificio era llevado a la plaza por las mujeres y se le entregaba un garrote para que pelee. El ejecutor lo mataba de una mazazo, lo descuartizaban y lo asaban a la parilla. La carne se repartía entre los asistentes y el cráneo se clavaba en la empalizada que rodeaba la aldea.
Eran frecuentes las enemistades entre los distintos linajes. Por este motivo las aldeas estaban protegidas por empalizadas. Usaban en sus combates arcos, flechas, lanzas, mazas chatas y filosas de madera como armas.
Uno de los motivos de enfrentamiento era porque al migrar una aldea se instalara en terriorio que pertenciera a otros grupos o pasara por terrenos propiedade de otras aldeas sin haber pedido permiso con anterioridad. Los prisioneros de guerra masculinos eran presa de una antropofagia ritual ya que eran antropófagos o caníbales.
Creían que al tragarse a su enemigo conseguían su fuerza, el poder de su alma y su vida reforzando así los poderes propios. El prisionero recibía un tratamiento especial antes de ser sacrificado. Era tenido como invitado de honor, incluso el captor podía darle una de sus hijas como esposa, adornos, buena ropa. Se lo llenaba de honores para que muriera en su plenitud y así el que lo ingiriera se llenaría de su fuerza. El día del sacrificio era llevado a la plaza por las mujeres y se le entregaba un garrote para que pelee. El ejecutor lo mataba de una mazazo, lo descuartizaban y lo asaban a la parilla. La carne se repartía entre los asistentes y el cráneo se clavaba en la empalizada que rodeaba la aldea.