Como la fuerza motivadora en ambos casos era la conciliación del alma separada del cuerpo, el tratamiento que se daba a los animales muertos se asemejaba mucho a las observancias fúnebres de los seres humanos. Como en el caso de la muerte de un hombre, se prohibía el trabajo durante varios días después de la captura de una nutria, una morsa, un caribú o un oso.