La idea de que los animales tenían alma influía en casi todos los aspectos de la vida diaria. Como la matanza regular de animales de caza era esencial para la supervivencia humana, era de una importancia vital mantener una relación armoniosa entre los cazadores y las presas. Con este fin, el cazador debía mostrar respeto y honrar al animal que mataba observando una serie de tabúes rigurosos. Uno de los más importantes prohibía el contacto entre los animales de la tierra y los del mar. Así, no se podía comer carne de caribú y de nutria en el mismo día o hacer ropa con la piel del caribú mientras se pescaban nutrias y morsas.