El rasgo más marcado del sistema de creencias de los Athapaska del Norte era la relación mutua que existía entre los seres humanos y los animales de los que dependían para su subsistencia. Estaba muy extendida la creencia en la reencarnación en formas animales, que borraba la distinción entre los hombres y aquellos. Además se creía que los animales retenían muchas de las características humanas que habían tenido en el Tiempo Lejano. Todavía comprendían el lenguaje humano, tenían espíritus a menudo muy poderosos y debían ser tratados según un código estricto moral y social. Los animales de caza podían castigar a los hombres que rompían este código simplemente huyendo de ellos y condenándoles así a morir de hambre. A menudo se atribuía a los seres humanos el declive de ciertas especies por ofensas cometidas contra ellas en el pasado. Este punto está ilustrado en una historia en la que se reproduce una conversación entre Oso y Lince. Oso decía que si un hombre lo trataba mal no volvería a comer más osos hasta que el pelo se le pusiera gris. Pero Lince declaraba que la gente que lo maltratara no volvería a comer un lince en toda su vida.