En la mayoría de las ceremonias complejas se reconocía al búfalo como el don dador de vida de los poderes más altos. Las alegorías relacionadas con el excepcional búfalo blanco compendian la mitología de los animales reverenciados. Los búfalos blancos eran especialmente rápidos y cautelosos y por esa razón, además de su rareza, eran difíciles de obtener. Cuando mataban a uno de ellos, la flecha mortal se purificaba en el humo de una hierba especial, lo mismo que el cuchillo antes de quitarle la piel al animal; no se debía verter nada de sangre en dicha piel. Sólo los hombres que habían soñado con animales podían comer su carne y sólo una mujer a la que se reconociera haber llevado una vida pura podía curtirla. En una ceremonia anual de los Omaha se representaba al albino con la piel de un búfalo blanco pequeño que tenía los cuernos y pezuñas intactos. Era uno de los objetos más reverenciados de la tribu y simbolizaba su supervivencia.