En común con muchas tribus de Las Llanuras, los Lakota reconocían que todas las criaturas y plantas vivientes derivaban su vida del Sol. Deseaban mucho tener un conocimiento más profundo de los animales, porque no sólo creían que habían aprendido sus formas de comportamiento de WakanTanka, el Gran Misterioso, sino también que todos ellos eran beneficiosos los unos para los otros. La adquisición de algunos de sus poderes era posible por medio de un sueño o una visión en el que la criatura era adoptada como auxiliadora y una parte de ella se prolongaba en el hombre.