Los vivos, así como los muertos, se convierten en animales, pero a veces esto se hace con engaños. En una ocasión la mujer de un hombre Tewa y su amigo decidieron deshacerse de él. El amigo era un brujo e invitó al hombre a ver una nueva danza a la que acudieron sus compañeros brujos. Todos pasaron por un aro y se convirtieron en coyotes, después volvieron a pasar en sentido contrario y volvieron a su forma humana. Animaron al hombre a pasar por el aro y también él se convirtió en un coyote, pero los brujos se llevaron el aro antes de que pudiera saltar de nuevo. Ocurren metamorfosis similares en varias historias, pero usualmente los hombres son reconocidos al fin como tales y ayudados a volver a su forma humana, mientras que los perpetradores reciben un castigo. En la historia Tewa el brujo accede a hacer un aro nuevo y después muere de vergüenza.