SIMON, EL MAGO. Simón el mago (o hechicero) tenía tan hechizado al pueblo de Samaria que lo tomaban por "el gran poder de Dios". Se "convirtió" y fue bautizado tras observar los milagros realizados por Felipe. Cuando Pedro y Juan llegaron a Samaria, y al imponer las manos a los nuevos convertidos éstos recibían el Espíritu Santo, Simón se impresionó muchísimo y ofreció comprarles ese poder. Pedro lo reprendió severamente diciéndole que su corazón no era recto delante de Dios, y que aún estaba "en hiel de amargura y en prisión de maldad". Aceptando mansamente la reprensión, suplicó al Apóstol que orara pidiendo que ninguno de dichos males le acaeciera (Hechos 8:9‑24). La compraventa de puestos eclesiásticos ‑ mal especialmente notorio en la Edad Media‑ recibe el nombre de simonía, palabra derivada del nombre de Simún el mago.