Dado que los inviernos eran muy duros, sólo se podía cultivar tabaco y su forma de subsistencia se basaba predominantemente en el ciclo anual de la caza y la pesca. Se desplazaban en canoas de abedul y, en invierno, a pie, con zapatos de nieve. La corteza de abedul era un material fundamental para las embarcaciones, cacharros y para cubrir los wigwam cónicos en los que vivían. Uno de los testimonios más completos que nos han llegado sobre los micmac, en el que se describe con gran detalle un estilo de vida apenas alterado por los siglos, es el diario del misionero Pierre Biard (1616) sobre los grupos del sur de Nueva Escocia.