Los primeros exploradores encontraron en la sociedad iroquesa muchas características que despertaron su admiración: describían, por ejemplo, la superioridad física de los hombres y la belleza de las jóvenes. Había relativamente pocos conflictos internos dentro de los numerosos poblados, y todos ellos eran bastante aficionados a las risas y las bromas, aplicaban el buen humor y la justicia a todas sus acciones, mostraban siempre su hospitalidad y, a veces, una enorme amabilidad. Eran perspicaces, valientes, resistentes y estoicos ante el dolor.