Utilizaban un parte para meterla en moldes y hacer pasteles, pero la mayor parte de la cosecha la almacenaban en makuks (recipientes de corteza de abedul) y se los llevaban para utilizarlos durante el resto del año. Además de ser un alimento enormemente nutritivo, se podía mezclar con agua para hacer una refrescante bebida: «Siempre se ofrecía una pequeña cantidad de azúcar a Manito (que pasó a ser conocido entre los ingleses como Manitou, era la personificación de los poderes y potencias mágicas y misteriosas de la vida y el universo), pues existía la tradición de ofrecerle el primer fruto de cada cosecha con el plato preparado del alimento propio de cada estación.