Los algonquinos e iroqueses de esta zona norte compartían al menos tres principios básicos: El primero subrayaba y definía los derechos de cada individuo, de forma que todas las acciones personales se debían basar en las propias decisiones y en las acciones compartidas en el consenso de los participantes. El segundo era el de compartir, pues en tiempos de penuria se tenía en cuenta el bienestar de todos; la caridad y la generosidad se consideraban los principios supremos a los que todos debían atenerse. El tercero era que el hombre formaba parte de la naturaleza, no estaba fuera de ella, sino dentro de su entramado y, por lo tanto, la tierra no se podía poseer ni explotar.