FREILA: Los perfectos no tenían domicilio fijo y siempre iban...

Los perfectos no tenían domicilio fijo y siempre iban acompañados por otro cátaro. No disimulaban su condición ni su creencia, porque llevaban un vestido negro y un especial cinturón de cuero. Predicaban en público y hacían tal muestra de valentía ante la muerte que se creyó que eran partidarios del suicidio. Después de haber recibido el consolamentum, ciertos perfectos se disponían a la endura, es decir, que se dejaban morir de hambre creyendo que la muerte les llegaría en estado de gracia. De todos modos la práctica de la endura era excepcional. Su auténtica austeridad, que contrastaba con la corrupción del clero católico, conquisté muchos fieles.