Desde hace un tiempo el catarismo se ha puesto de moda. Recuerdo que hace unos años se proyectó en la televisión francesa una serie titulada Montségur, que tuvo un gran éxito. Por todas partes surgieron iglesias cátaras y personajes que se decían descendientes de los albigeneses, nombre con que también eran conocidos. Por su proximidad a la frontera con Francia, en Cataluña son normales las excursiones al país cátaro con visitas a Carcasona, Béziers, Albi, Codes y Montségur, santuarios todos ellos de esta curiosa herejía que no es muy conocida gracias precisamente al celo infatigable de los inquisidores que persiguieron a sus adeptos y que consignaron por escrito sus confesiones. Su vida y costumbres son curiosas y reflejan una muy interesante actitud ante la vida.