¿Por qué usamos salsas en las comidas y cuál es su origen?
Las usamos simplemente porque son sabrosas y, aunque suene a perogrullada, el hombre siempre le dio una gran importancia al sabor, llegando, incluso, a desatar pequeñas guerras en la antigüedad luchando por la posesión de manjares o aderezos. Vale como ejemplo de ese aprecio por el sabor nada menos que el viaje de Colón: la pretensión no era descubrir un nuevo continente, sino hallar una ruta a las Indias con el objetivo de importar de allí magníficas especias. Desde el punto de vista alimentario y sanitario, el descubrimiento de América fue un rotundo fracaso: no sólo no encontraron la ruta de las especias sino que los aborígenes los
contagiaron de una considerable cantidad de enfermedades desconocidas hasta entonces por los españoles, y les inculcaron, exportándolo, el vicio del tabaco. Dos venganzas no buscadas pero terribles. Con respecto a las salsas en la historia, fueron los romanos del Imperio grandes comilones los que no conformes con bacanales, banquetes desaforados, consumo increíble de vinos y otras desgracias, pero no mucho, agregaron a sus comidas diferentes salsas. La primera es muy común: vino, vinagre y aceite. Luego, a ésta le sumaron pasta de anchoas y pimienta logrando una cosa que le ponían a todo, aumentando el placer. El vino siempre fue importante para ellos, ya que se tomaban hasta la molestia. Al caer el Imperio cayeron sus costumbres: el mundo comía para seguir vivo y no por el placer de hacerlo. Todos conservaban la línea, pero siendo pobres y, lo peor, aburridos. El Renacimiento devuelve el sentido refinado de la buena mesa. Y luego nacen las salsas más conocidas, en párrafo aparte, ya que bien lo merecen.
Las usamos simplemente porque son sabrosas y, aunque suene a perogrullada, el hombre siempre le dio una gran importancia al sabor, llegando, incluso, a desatar pequeñas guerras en la antigüedad luchando por la posesión de manjares o aderezos. Vale como ejemplo de ese aprecio por el sabor nada menos que el viaje de Colón: la pretensión no era descubrir un nuevo continente, sino hallar una ruta a las Indias con el objetivo de importar de allí magníficas especias. Desde el punto de vista alimentario y sanitario, el descubrimiento de América fue un rotundo fracaso: no sólo no encontraron la ruta de las especias sino que los aborígenes los
contagiaron de una considerable cantidad de enfermedades desconocidas hasta entonces por los españoles, y les inculcaron, exportándolo, el vicio del tabaco. Dos venganzas no buscadas pero terribles. Con respecto a las salsas en la historia, fueron los romanos del Imperio grandes comilones los que no conformes con bacanales, banquetes desaforados, consumo increíble de vinos y otras desgracias, pero no mucho, agregaron a sus comidas diferentes salsas. La primera es muy común: vino, vinagre y aceite. Luego, a ésta le sumaron pasta de anchoas y pimienta logrando una cosa que le ponían a todo, aumentando el placer. El vino siempre fue importante para ellos, ya que se tomaban hasta la molestia. Al caer el Imperio cayeron sus costumbres: el mundo comía para seguir vivo y no por el placer de hacerlo. Todos conservaban la línea, pero siendo pobres y, lo peor, aburridos. El Renacimiento devuelve el sentido refinado de la buena mesa. Y luego nacen las salsas más conocidas, en párrafo aparte, ya que bien lo merecen.