1800 A. C. Con la domesticación del caballo aparece el carro de guerra, que transportaba a un solo soldado y era muy liviano. Uno o varios caballos tirando de una carga tan liviana podían correr con mucha mayor rapidez que un soldado. Con solo dos ruedas, el carro de guerra era casi tan manejable como el propio caballo, y podía variar su dirección sin dificultad. Los infantes de los ejércitos que no poseían carros de guerra, se dispersaban y huían despavoridos con sólo ver aquellos animales atronando con sus cascos y lanzados en dirección hacia ellos. Este es el primer caso claro de una nueva arma que toma por sorpresa a quienes no la poseen, y otorga una especie de victoria universal a quienes la tienen.