Los CFC, halones o clorofluorocarbonos,, usados en extintores y propelentes para aerosoles, adicionalmente destruyen el ozono, que está presente naturalmente el la atmósfera y contribuye a atrapar el calor. Otra de las funciones del ozono es protegernos de los rayos UV, por lo que estos compuestos contribuyen al deterioro de la capa de ozono, efecto que se investiga desde hace décadas, y podría impactar fuertemente a la población mundial. Afortunadamente, los CFC fueron prohibidos por el protocolo de Montreal, un tratado internacional orientado específicamente a proteger la capa de ozono, que entro en vigencia en Junio de 1989.