Ambos sexos poseen ritos y subculturas separadas. El rito de la menstruación, exclusiva de las mujeres proporciona cicatrices en el vientre, senos y brazos de la muchacha. La ceremonia posterior se celebra en la gran casa ceremonial del poblado, pero los hombres están excluidos. Al día siguiente la muchacha aparecerá con el pelo rapado y profusamente decorada. Su vida, desde ese momento hasta el matrimonio consiste en visitar las casas de los parientes y vecinos, que procurarán agasajarla con generosidad. Hasta el día de su matrimonio no puede ejercer trabajo alguno.