“Nosotros, los pobladores de Sierra Nevada, los kogi, los ika, los sanha, los kankuania... vivimos en cosntante armonía con la Naturaleza, con la Tierra, con nuestra Madre. Hace muchos años, cuando el hombre cargado de armas llegó desde el mar para encerrarnos en el corazón del planeta, nos comprometimos a no cambiar, y nuestra alma permanece intacta desde entonces. Pero ahora la montaña sufre por los errores de los otros. Los árboles son cortados y quemados, los ríos se secan y las lenguas de hielo menguan. Algunos de ustedes han entendido el peligro. Saben, igual que nosotros, que son responsables de este infortunio. Y que si la Sierra de Santa Marta sufre, la Naturaleza, la madre de todos, morirá”.