Los hombres kogi llevan siempre consigo un pororo, recipiente relleno de pasta de coca mezclada con polvo de conchas marinas. Los kogi creen que su consumo favorece el intercambio de ideas, la solidaridad y el deseo de compartir. El interior de las chozas se considera un vientre materno. Allí se reúnen las familias por las noches para contarse historias y fortalecer las tradiciones.