Según los maories aún hay seres que responden con eficacia a ello logrando en sí mismos la síntesis universal. Demás está decir que, quien resuelva el interrogante con tal eficacia será reconocido por dichos Tohungas, principalmente, por la luz única de su mirada sobre las cosas. Es decir, aquella contemplación vaciada de dualidad, idéntica a la que expresa el semblante del mayor icono en el arte tradicional maori. La enseñanza iniciática de dicho icono se refleja magistralmente en el teko-teko aro aquel que, adornado con el remo divino (cetro náutico y atributo polar), en representación del Hombre Universal, contempla inmutable al mundo con la visión absoluta (no contraíble y exenta de toda limitación) desde el pináculo de la whare o sea, según el simbolismo tradicional, en el ante principium metafísico, es decir, desde “mas allá del sol”, en su hierático pedestal supracósmico.