Los hombres lucen tatuajes en la cara, hombros, muslos y nalgas, con diseños en forma de espiral que representaban el rango social del individuo. Por ello los tatuajes eran signo distintivo de la jerarquía que ocupaba. Cuando alguien accedía a un rango superior, con una demostración de valentía, se le otorgaba un ascenso, y el tatuaje conseguido pasaba a ser hereditario para sus descendientes.