Tras un primer contacto amistoso con los colonos, su territorio se fue reduciendo en gran manera. Los tasmanos se retiraron al interior y hacia el 1825 solo se acercaban a los colonos para atacarles. El gobernador y coronel George Arthur, proyectó un plan para capturar a todos los aborígenes y recluirlos en un espacio limitado. La “guerra negra” había comenzado, pero no fue productiva, y los 5000 hombres armados que persiguieron a los aborígenes solo consiguieron capturar a una mujer y su hijo. Entre 1831 y 1836, George Robinson, un misionero amigo de los aborígenes, logró congregar a los tasmanos y convencerles de que se establecieran en la isla de Flinders, al nordeste de Tasmania.