El rayo redondo
En el primer trimestre de 1945 para nadie en Alemania era un secreto que la guerra estaba perdida; para nadie excepto para los enloquecidos líderes nazis, que trataban de corregir a toda prisa sus errores tácticos del pasado con la puesta en marcha de proyectos secretos.
Las investigaciones abarcaban una gama muy variada: ultrasonidos, cañones de aire, detectores infrarrojos, magnetismo, cazas a reacción, cohetes, aviones cohetes, cazas teledirigidos y quizás el más grandioso de todos; el rayo redondo Kugelblitz. Se trataba de una nave casi esférica, completamente automatizada, que reunía en sí muchos años de adelanto técnico. Poseía sistemas similares a los del Feuerball para anular los radares; alcanzaba velocidades realmente impresionantes; podía desarrollar una increíble capacidad para realizar las más descabelladas maniobras aéreas; tenía blindaje especial y sistemas automáticos de disparo. Estaba también equipada con revolucionarias armas, pues contaba con cañones de "turbulencia aérea" capaces de destrozar las hélices de los bombarderos, con cohetes aire-aire y con cañones sin retroceso accionados por sistemas fotoeléctricos.
La construcción del Kugelblitz era el resultado del esfuerzo combinado de algunos de los más eficientes científicos de la SS, la siniestra Orden de la Calavera, y sus características lo hacían ideal para el tipo de guerra que los estrategas nazis habían diseñado para prolongar la resistencia en la Alemania ocupada.
Pero era ya Abril de 1945.
En el caos en que se convirtió Alemania en ese mes postrero de la dictadura nazi, los pocos aeródromos aún en funcionamiento tenían que soportar continuos ataques y la Fuerza Aérea Alemana estaba prácticamente aniquilada. En un último esfuerzo se habilitaron tramos de carretera para ser usados como pistas; y fue de una de éstas de donde se elevó para su única misión el Kugelblitz.
En el primer trimestre de 1945 para nadie en Alemania era un secreto que la guerra estaba perdida; para nadie excepto para los enloquecidos líderes nazis, que trataban de corregir a toda prisa sus errores tácticos del pasado con la puesta en marcha de proyectos secretos.
Las investigaciones abarcaban una gama muy variada: ultrasonidos, cañones de aire, detectores infrarrojos, magnetismo, cazas a reacción, cohetes, aviones cohetes, cazas teledirigidos y quizás el más grandioso de todos; el rayo redondo Kugelblitz. Se trataba de una nave casi esférica, completamente automatizada, que reunía en sí muchos años de adelanto técnico. Poseía sistemas similares a los del Feuerball para anular los radares; alcanzaba velocidades realmente impresionantes; podía desarrollar una increíble capacidad para realizar las más descabelladas maniobras aéreas; tenía blindaje especial y sistemas automáticos de disparo. Estaba también equipada con revolucionarias armas, pues contaba con cañones de "turbulencia aérea" capaces de destrozar las hélices de los bombarderos, con cohetes aire-aire y con cañones sin retroceso accionados por sistemas fotoeléctricos.
La construcción del Kugelblitz era el resultado del esfuerzo combinado de algunos de los más eficientes científicos de la SS, la siniestra Orden de la Calavera, y sus características lo hacían ideal para el tipo de guerra que los estrategas nazis habían diseñado para prolongar la resistencia en la Alemania ocupada.
Pero era ya Abril de 1945.
En el caos en que se convirtió Alemania en ese mes postrero de la dictadura nazi, los pocos aeródromos aún en funcionamiento tenían que soportar continuos ataques y la Fuerza Aérea Alemana estaba prácticamente aniquilada. En un último esfuerzo se habilitaron tramos de carretera para ser usados como pistas; y fue de una de éstas de donde se elevó para su única misión el Kugelblitz.