FREILA: El nacimiento de los Foo...

El nacimiento de los Foo

Correspondió al norteamericano Edward Schlueter, del Escuadrón 415 de Caza Nocturna, estacionado en Dijon, Francia, ser el primer espectador de un fenómeno que pasaría a formar parte de los misterios de la guerra. El 22 de Noviembre de 1944 volaba en una misión operativa contra las vías férreas alemanas cuando se topó en una colina con una impresionante (y al parecer absurda en tiempos de guerra), hilera de luces que permanecían suspendidas en el aire.
Las luces se lanzaron de pronto hacia el avión de Schlueter a una velocidad aterradora, sin que el radar y el sistema eléctrico sufrieran desperfectos que obligaran al piloto a regresar a su base.
La información de estas misteriosas luces es ampliamente conocida por los estudiosos de la Ufología, sin embargo, pocos son los que han profundizado en la posibilidad de que tales aparatos fueran en realidad armas experimentales alemanas.
Aunque se ha negado, apasionadamente la posibilidad de que los "cazas fantasmas" fueran armas secretas alemanas, se desprende del estudio de los documentos capturados por los aliados que los nazis poseían desde 1944 un ingenio automático capaz de volar a grandes velocidades, cuya función era la de crear fuertes campos de interferencia magnética para anular el radar y la radiocomunicación. Esta maravilla técnica recibió el nombre de Feuerball (bola de fuego), por la turbadora característica que poseía, la de crear a su alrededor una turbulencia de partículas fuertemente ionizadas que le daban la apariencia de una bola de fuego de gran intensidad. El Feuerball era lanzado desde una base de tierra y una vez en el aire un ingenioso equipo Telefunken a base de rayos infrarrojos, lo dirigía automáticamente hacia el calor despedido por los motores de los aviones. Después de haber cumplido su misión, el ingenio regresaba guiado por frecuencias especiales de radio y por medio de una señal descendía por medio de un paracaídas en las cercanías de su base.
Verdaderamente espectacular, pero estos aparatos sin piloto no eran más que una de las muchas creaciones que en el frenesí de la desesperación fabricaron los científicos nazis de la SS, además de otros dependientes del ejército.