En la primavera de 1918, los alemanes lanzaron una última y desesperada ofensiva, con la esperanza de llegar a Paris antes de que el ejército de Estados Unidos estuviera preparado para el combate. Pero unas cuantas divisiones estadounidenses estaban listas para ayudar a los franceses y a los británicos a repeler el ataque. Para el otoño, la posición de Alemania no podía ser peor: sus ejércitos se retiraban frente al inexorable fortalecimiento de los estadounidenses.