Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en Europa en agosto de 1914, Wilson recomendó con ahinco una política exterior de estricta neutralidad. Pero muchosestadounidenses se sentían terriblemente indignados por la invasión alemana a Bélgica, y la prensa publicó informes (a menudo exagerados) de las atrocidades cometidas por los alemanes contra civiles belgas. Los estadounidenses también se encolerizaron cuando en mayo de 1915 un submarino alemán hundió al vapor británico Lusitania, provocando la muerte de 128 pasajeros estadounidenses. En enero de 1917 Alemania declaró la guerra submarina irrestricta a todos los barcos que se dirigieran a puertos aliados, incluidos los buques mercantes neutrales. En febrero, Wilson se averiguó que si Alemania y Estados Unidos entraban en combate, el ministro del exterior alemán tenía planeado proponer una alianza a México y al Japón, prometiendo que el primero recuperaría las tierras que había perdido en 1848 frente a Estados Unidos. Para entonces, este último había vendido a los aliados miles de millones de dólares en municiones y otros productos, casi todo a crédito.