Entre 1819 y 1955, más de 40 millones de inmigrantes entraron a Estados Unidos, lo que constituye la más grande inmigración de la historia. En el corto lapso de unos 350 años se pobló todo un continente y se construyó una sociedad industrial con un grado elevado de diversificación y de pericia. De todas las tradiciones, costumbres e instituciones heredadas de muchos países, el idioma inglés se convirtió en la principal influencia unificadora. Hoy, los 260 millones de habitantes de Estados Unidos, en sus 50 estados, hablan el inglés. Con frecuencia encontraban prejuicio de los nativos, quienes desde luego eran a su vez descendientes de otros inmigrantes. Ante la insistencia de los trabajadores que veían con temor a los inmigrantes asiáticos debido a su disposición a aceptar salarios bajos por el trabajo no calificado, la legislación federal prohibió la entrada a los chinos en 1882. Los japoneses fueron excluidos en 1907, pero muchos otros inmigrantes tenían libertad para entrar a Estados Unidos. Aun así, Estados Unidos les ofrecía mayor libertad religiosa y política, y mayores oportunidades económicas de las que podían encontrar en sus países de origen. El inmigrante de primera generación normalmente tenía que luchar contra la pobreza, pero sus hijos y nietos podían alcanzar bienestar económico y éxito profesional. Desde la fundación de Jamestown, la primera colonia europea permanente en Norteamérica, en 1607, Estados Unidos ha acogido a dos terceras partes de todos los inmigrantes del mundo: un total de 50 millones de individuos.