La industrialización trajo consigo el surgimiento de los trabajadores organizados. La Federación Norteamericana del Trabajo, fundada en 1881, era una coalición de sindicatos para obreros calificados. No se pronunciaba por el socialismo, sino en favor de mejores salarios y menos horas de trabajo. Alrededor de 1900, un obrero no calificado trabajaba 52 horas semanales por un salario de nueve dólares. En la década de 1890, el descontento por los salarios bajos y las condiciones insalubres de trabajo desató una ola de paros en el trabajo industrial, algunos de ellos violentos. Varios obreros y guardias resultaron muertos durante una huelga de la fábrica de Carnegie Steel en Homestead, Pennsylvania, en 1892. En 1894 se enviaron tropas del ejército a Chicago para poner fin a una huelga de trabajadores ferrocarrileros.