En marzo de 1868, la Cámara de Representantes respondió a la oposición de Johnson para adoptar soluciones radicales intentando relevarlo de su puesto. Los cargos que se le imputaban carecían de fundamento, y el Senado votó en contra de una moción para declararlo culpable. En opinión de muchos, Johnson había sido demasiado indulgente con los antiguos confederados, pero su descargo constituyó una importante victoria para un principio fundamental del gobierno estadounidense. Dicho principio es la separación de poderes entre las ramas legislativa, ejecutiva y judicial del gobierno. El descargo de Johnson ayudó a conservar el delicado equilibrio del poder entre el presidente y el Congreso.