Mientras tanto, la Corte Suprema, bajo su presidente John Marshall, afimmaba su propia autoridad. En el caso de Marbury vs. Madison, que se ventiló en 1803, Marshall afimmó que la corte declararía nulo cualquier acto del Congreso "contrario a la Constitución". Esa disposición estableció la idea más fundamental del derecho constitucional de Estados Unidos: la Corte Suprema toma la decisión final en la interpretación de la Constitución y, si los jueces determinan que una ley es inconstitucional, pueden declararla nula aunque haya sido promulgada por el Congreso y firmada por el presidente.