Marcados por diversas circunstancias, los diferentes credos surgidos imponían a sus seguidores preceptos distintos para conseguir la inmortalidad del alma, bien sea regresando de nuevo a esta vida, o continuando la existencia en otro plano de la realidad. Pese a que el proceso de creación de las religiones es en sí bastante sencillo, la diversidad humana ha contribuido a formar una inmensa cantidad de ritos, tan radicalmente distintos como lo somos nosotros mismos.