Estos ritos pudieran parecernos estúpidos y sin sentido, pero existen hoy en día algunos casos de asedio protagonizados por entes, que darían fundamento a tales creencias. Éste es el caso de la joven filipina Clara Villanueva, que en mayo de 1951 denunció a la policía de Manila los ataques por parte de un sujeto de estatura pequeña y ojos saltones, al que sólo ella podía ver. El ataque fue de tal magnitud que algunas de las heridas se infectaron, tardando varios días en sanar. De todas formas, no siempre que el espíritu de una persona se "queda" en nuestro mundo, es con unas connotaciones desagradables. El folclore popular nos ofrece un inmenso abanico a gusto de cada uno. Así por ejemplo, los Tchermises de Finlandia creen que nos reencarnamos en pez; aunque para originales nadie como los Lushei de la India, que están convencidos que nuestra alma sigue vagando por la tierra en forma de abejorro.