Cuando nacemos, en el momento justo de nacer, al marcar la primera respiración; un reloj cósmico se pone en funcionamiento, este reloj se le llamará vida, con todas sus vicisitudes, y ninguna será igual, cada humano vivirá la suya, pero en conjunto todos viviremos una en general. En el momento de nacer, es como si fotografiásemos las posiciones de los astros en el cielo y tuviéramos esta fotografía por bandera, allí está grabado nuestros errores pasados, nuestra nueva misión, todo lo que nos podemos encontrar, lo que podemos hacer, y lo que no deberíamos hacer, el triunfo y el fracaso, el amor y el dolor y por fin la muerte. Pero Dios conocedor de nuestras debilidades, nos da un libre albedrío, para que podamos hacer a nuestro antojo, lo que en aquel momento queramos, dependiendo de tal o cual elección tomemos, así será nuestro sendero, aunque también el rectificar está contado. Este libre albedrío viene a ser como el actor de teatro que tiene que representar una obra y es tan buen actor que puede desempeñar cualquier papel, el Director le da la opción a elegir el papel que quiera representar, pero lógicamente dentro de esta obra, no de otra obra, esto comparándolo con la astrología sería pues, que el ser humano, puede elegir este o el otro camino, pero dentro de los caminos que tiene marcados, que serían en su conjunto toda la obra.