Con el auge de la letra impresa, aparecieron por toda Europa una multitud de almanaques, aunque comprarlos resultaba caro, fueron pasando de mano en mano o transmitidos a viva voz. Tenían una amplia audiencia campesina, igual que el CALENDARIO, y recordaban los momentos propicios para sembrar y cosechar, cuando bañarse, casarse o emprender un viaje. De esta forma mucha gente se enteraba de las creencias astrológicas y podía captar las alusiones al tema de dramaturgos y poetas concordantes, en el mayor de los casos, con el papel de Webster en la DUQUESA DE MALFI, que declara: “Somos tan sólo pelotas de tenis de las estrellas que nos golpean y lanzan a su antojo”.