Sobretodo en el campo de la medicina y de la astronomía, los árabes mostraron muy pronto una extraordinaria habilidad. En Bagdad y Damasco se instalaron sendos centros de estudios y el califa de Bagdad, Al-Mansur (hijo de Haran Al Rasid) creó un gran observatorio y una gran biblioteca, haciendo de esta ciudad la capital astronómica del mundo. Es más, los estudios astronómicos árabes tuvieron una importante orientación astrológica.