En la antigüedad más remota, los egipcios practicaron una forma Mística de astrología que dependía del foco religioso y económico de su civilización: El Nilo. Este caudaloso río era la fuente de toda vida; las inundaciones, que aportaban fertilidad a las regiones desérticas, eran provocadas, según se creía por la acción conjunta del Sol y Sirio, la brillante estrella que como consecuencia adquirió inusitada importancia.