Algunas de las obras más importantes de los romanos fueron los acueductos, que cruzaban sus ciudades y que tenían por objeto conducir el agua hacia gigantescas termas; los arcos de triunfo y la columnas que conmemoraban las victorias militares; la basílica, que era un espacio abierto utilizado como palacio de justicia y centro de comercio; el Foro, plaza pública rodeada de pórticos, era el centro de la vida económica y política de la ciudad.