Constantino, convertido al cristianismo, instituyó la libertad de culto en el año 313 d. C. y fundó una nueva capital en la antigua ciudad griega de Bizancio, que llamó Constantinopla.
Unos años más tarde, tras la muerte del emperador Teodosio en el año 395 d. C., el imperio quedó dividido entre sus dos hijos. Uno recibió la parte occidental, con Roma como capital, y el otro la parte oriental, con Constantinopla como metrópolis. La división sería definitiva.
Unos años más tarde, tras la muerte del emperador Teodosio en el año 395 d. C., el imperio quedó dividido entre sus dos hijos. Uno recibió la parte occidental, con Roma como capital, y el otro la parte oriental, con Constantinopla como metrópolis. La división sería definitiva.