Ante estas circunstancias, Tiberio Graco, elegido tribuno de la plebe en el año 133 a. C., propuso una ley agraria, que señalaba que nadie podía tener más de 125 hectáreas. El que se excediera, debía devolver tierras que serían repartidas entre los desposeídos. Cuando Tiberio fue reelegido, fue asesinado por los optimates, hecho que provocó el inicio de un período de guerras civiles.