Quienes ocupaban estos cargos eran elegidos por los comicios centuriados –que eran las asambleas convocadas por los cónsules en el Campo de Marte, en la que cada centuria tenía derecho a un voto–, y eran la máxima autoridad en las provincias. Mandaban a las tropas y dictaban justicia. Ejercían su cargo de manera autónoma, siendo responsables únicamente ante el Senado y el pueblo romano.