Faltaba solo el extremo sur, donde estaban los griegos, dirigidos por el rey Pirro, cuyo ejército tenía elefantes que los romanos no sabían combatir, por lo que fueron derrotados. Tras varias batallas (que se iniciaron el año 280 a. C.), Pirro decidió replegarse a Sicilia. En su siguiente embestida sobre Roma, los legionarios ya sabían lidiar con los elefantes, así que fue vencido en Benevento (275 a. C.). Con esto, los romanos se anexaron el Golfo de Tarento, completando el dominio de la península itálica.