Después reinó Tulio Hostilio o “el hostil”, que era romano. Fue un rey belicoso que incluso declaró la guerra a Alba Longa –capital de la región del Lacio–. Esta terminó con un duelo entre dos tríos de hermanos: los Horacios, del ejército romano, y los Curiacios, de Alba Longa. Los romanos triunfaron, con lo que la ciudad perdedora fue destruida y sus habitantes llevados a Roma. Desde entonces, el Capitolio reemplazó al monte Albano como centro religioso de los latinos.