Presenciar esto se paga con una impronta perpetua en la memoria, con muchas noches sin dormir y, a veces con el desequilibrio. Algún tiempo después, cuando ya los deudos están firmando cláusulas, el cuerpo carbonizado se retira y con un gran palo de amasar de caucho ("El rompe-muertos") se aplastan aquellos carbones biológicos hasta "reducirlos" a algo parecido a cenizas. Estas son barridas sin miramientos a un gran corral donde descansan 300 kilos de cenizas.