Los que se convertían en esqueletos nunca sería catalogados como catalépticos porque, es sabido, luego que los deudos se alejan llorando al abandonar a su ser querido, los enterradores golpean con picos y palas el ataúd para que la fauna cadavérica (Gusanos, babosas, escarabajos enterradores, hormigas, etc.) no tenga dificultad en su tarea; después de todo son compañeros de trabajo.