Los temas se agotaban: Estaba la gente que, colocadas en la bóveda familiar lograba romper parte del ataúd, entonces al entrar el aire pero no poder salir por estar empotrados en esas especies de bibliotecas mortuorias, padecían gritando, llamando a un cuidador que estaba lejos, durmiendo la siesta. Las fuerzas flaqueaban, al final, una semana después, morían de hambre y principalmente de sed, luego de estropear el hígado bebiendo su propia sangre...